18 septiembre 2008

Cuento: La cumbre ejecutiva fue muy volada.


Santiago, algún día de diciembre, con mucho calor.
Nos fuimos los cuatro a almorzar algo distinto a lo que comíamos cada día, creo que había motivos para celebrar, al menos para tomar una cerveza, así que nos fuimos a una parrillada en Bilbao. El viaje fue corto pero tedioso, los tacos ya asomaban nuevamente por las calles de Santiago. El almuerzo fue regado – como siempre lo era entre los cuatro – con parrillada de por medio y con todos los líquidos en fila india; aperitivo, cerveza, bebida, vino tinto, y bajativo. La conversación fue sencilla, algunos brindis por esto y esto otro, alguna alegoría, y no recuerdo quién preguntó ¿alguien tiene que hacer algo importante esta tarde? Nos miramos, nos reímos, miramos nuestras agendas, hicimos algunos llamados, y listo, los cuatro estábamos en condiciones de realizar una reunión de trabajo grupal lejos de la oficina, como si fuera un retiro espiritual, pero en la piscina de la casa del guatón.

Una vez que salimos del local, nos fuimos separados en dos autos, y yo decidí irme con el gringo sin pensar que mi suerte – o la mala – estaría marcada por dicha elección. Me subo a su vehículo y al momento que tomamos rumbo a la casa del guatón me indica que le pase mi encendedor para encender un cigarrillo, al momento que se lo paso me indica que prefiere no distraerse, así que me lo pasa para que se lo encienda. Al mirarlo en mi mano me doy cuenta que no era un cigarrillo sino que un pito (un porro, o cigarro de marihuana), del tamaño de un cigarro sin filtro. Como lo cortés no quita lo valiente le puse fuego al porro y comencé a darle unas aspiradas para prenderlo, pero la porquería no quería encender bien, así que le di varias aspiradas profundas para que pudiera prender. Finalmente, se lo paso al gringo para que fume también, así que colocamos la música fuerte y le pego durante unos minutos unas fumadas más, pensando que dicha porquería chica podía hacerme poco o nada dado su tamaño, y que estaba recién almorzado…tamaño error de apreciación.

A los cinco minutos de haber terminado de fumar, bajamos las ventanillas para que entre viento fresco. Yo iba sentado en el asiento del acompañante, sin embargo, sentía como si fuera por el otro lado de la puerta (por fuera), con el viento en mi cara, con el pelo que se iba cayendo producto del viento, y me lo volvía a encontrar flotando en la esquina siguiente. Así durante segundos eternos, o minutos, no sé en realidad. La boca se me puso como un desierto, seca en extremo, busco un caramelo pero es como chupar una piedra a esa altura.

Cuando llegamos a la casa del gringo no podía dejar de mirar todo a mi alrededor: me voy a su jardín, y lo único que aprecio es el orden que tienen sus plantas, su distribución uniforme, y trato de medir al ojo cuánto hay de separación entre ellas, entre cada una de ellas. Vuelvo al inicio del jardín con la mirada y comienzo a contarlas, vuelvo al inicio y vuelvo a medirlas, vuelvo al inicio para clasificarlas por colores, vuelvo al inicio y ya no sé para qué así que comienzo a contarlas nuevamente. El gringo cuando me ve se larga a reír, me dice que parezco marciano por la cara de pegado, y me indica el baño para que me moje la cara. Le hago caso, entro al baño, me mojo la cara una y otra vez, y comienzo a tomar agua, bebo y bebo hasta no poder más. Me seco la cara y el pelo con una toalla, pero no me siento bien, así que me mojo nuevamente la cara y cabeza.

Una vez que llegamos por fin a la casa del guatón los efectos del pito aún me tenían con pérdida de cuadros visuales, sin embargo, al menos se me había pasado la sequedad de la boca. Sin embargo, no podía dejar de reírme con las expresiones del resto de mis amigos: el gringo sólo atinaba a gritar eufórico, no hablaba, todo lo expresaba a gritos y moviendo las manos para arriba y abajo, no para de caminar y moverse; el guatón estaba esperándonos con unos vasos de ron y coca cola llenos de hielo, con una sonrisa bonachona y cómplice, me indica que él con el Canela se habían fumado su pito también; el Canela está cagado de la risa, y sólo atina a indicarnos con un grito “¡Señores, se inaugura la temporada de piscinas!”, procede a sacarse la ropa, queda en calzoncillos, toma vuelo, se eleva y se arroja haciendo una bombita en la piscina del guatón. Fue como un acto sinérgico, ya que al instante todos comenzamos a sacarnos la ropa, quedamos en ropa interior y nos tiramos a la piscina de las maneras más ridículas que se pueda imaginar.

Después de un minuto en el agua el calor ya no era tema, el agua estaba con sombra y muy fresca, y los tragos estaban al borde de la piscina. Los cuadros visuales ya eran continuos, y no tenía seca la boca. El chapuzón había hecho los efectos de antídoto que me había comentado el gringo en el auto. Allí estábamos, cuatro profesionales en plena jornada de reflexión profunda, una cumbre ejecutiva como la llamamos, pensando no en la economía ni en el sistema financiero, ni en las metas ni los factores de cálculo, sino que simplemente cuándo sería nuestro próximo almuerzo, con bajativo, pito y piscina, así de simple.

25 marzo 2008

Cuento: La Condesa de Contulmo (2da parte).


Introducción
Este cuento comenzó hace un tiempo atrás, donde narro las desventuras vividas por nuestra Condesa, protagonista de una historia dramática, casi una tragedia, cuando apenas llegaba a los 18 años. Pero, tal como en los cuentos que nos narraron de pequeños, verán que la historia siempre se apiada de quienes han sufrido, y finalmente terminan siendo felices. (Para ver la primera parte de este cuento acceda a esta link
http://gonzalogalleguillos.blogspot.com/2007_12_01_archive.html)


La dureza de la vida la sigue por todas partes.
Pero el tiempo no sería tan implacable con ella. Casi al tiempo que fue desterrada una de sus mejores amigas la acogió en su casa, al menos tendría un techo y una cama donde llegar. Y para solventar sus gastos debió trabajar medio día para estudiar en las tardes, haciendo labores administrativas en la consulta de un médico. Claro está que como no podía ser fácil, al tiempo su carrera la pasaron al horario nocturno, por lo cual su jornada se extendía desde el amanecer hasta medianoche. Por esa época debió buscar otro trabajo; y se encontró nuestra dama de la realeza cortando hilachas en una fábrica de cierres y bordados.

Es casi una ironía que quien por su linaje podría tener chaperonas y servidumbre tenía que estar haciendo labores de obrera. Pero era un trabajo digno, honrado, y eso la confortaba. Cuando tenían un poco más de dinero enviaba una remesa a su familia de origen, donde la añoraban, la recordaban, y rezaban porque encontrara su camino, al menos no cuesta arriba como había sido hasta ahora.

Las penas la acompañaban a menudo durante las noches: se recordaba de su único sobrino, pequeño, querendón, pero su hermana le había prohibido las visitas a su casa. Extrañaba a sus padres, sus amistades, su tierra, su aire, su Contulmo. Estaba sola en Santiago, no era más que otra alma desterrada en la ciudad furiosa, aquella que no acoge si no que da lo peor de sí para recordarte que estás solo.

La Condesa, por su educación y linaje, se llevaba muy bien con todo el mundo, sobretodo con la gente mayor, quienes identificaban en ella otro tipo de modales que no se veían en la juventud; era frágil, sutil, amable, y muy responsable. Lamentablemente estas características hicieron que la madre de su amiga comenzara a compararla con su hija, lo que provocó cada vez más roces con su amiga, por lo que debió dejar esa casa para irse a una pensión, una pieza pequeña y fría sería su castillo en adelante.

Y aparece el amor.
Al tiempo la Condesa comenzó a trabajar en el mismo Instituto donde estudió, allí tuvo la oportunidad de recibir a los alumnos que querían estudiar Ingeniería, y recibió a muchos, pero en especial a uno. Uno que le llamó la atención porque no era un chico, era alguien mayor, con trabajo, que estaba buscando algo más. Con el tiempo se transformaron más que en compañeros en amigos, cada cual tenía su pareja y salían en conjunto. Pero al tiempo, tal como sucede en los eclipses donde se alinean los planetas, las vidas de ambos se alineaban y cada cual terminaba sus relaciones de pareja, y quedaron sólo ellos, uno al otro.

Fue época de encuentros y desencuentros, salían juntos a bailar, pero la magia no llegaba a sus corazones, hasta que una noche estrellada, donde su príncipe debía llevarla a su morada, simplemente la besó, para sellar el tiempo que llevaban juntos, y para abrir una nueva etapa, donde ambos comenzarían a vivir una misma vida. Comenzaron su noviazgo, y a los meses su príncipe le propuso matrimonio. Sin embargo, la Condesa debía confesarle antes una verdad dolorosa; y le dice “No puedo darte hijos, por lo tanto, piénsalo antes de casarte conmigo”, palabras que sólo podría emitir quien tiene el honor de la nobleza, la honestidad exacerbada, la claridad de quien ha vivido tantas vidas. El príncipe, no podía renunciar a un alma tan íntegra, y selló su matrimonio con la Condesa.

La llegada del heredero.
Llevaban 6 años de matrimonio, y obviamente no había lady o señorito corriendo por los jardines. Sin embargo, un médico le comunica que se puede hacer algo respecto a su problema, que debía conseguirse un útero prestado. Vaya situación, como si los úteros los arrendaran a través del diario. Pero una noticia llega un día como milagro que golpea a la puerta; una prima le comunica que conoce a una persona que está con 6 meses de embarazo y no puede mantener a dicho hijo porque ya tiene 3 en su casa, y está dispuesta a darlo en adopción. Una luz de esperanza fue la que se instaló en la casa de la Condesa una vez que conoció a la mujer que sería el medio por el cual llegaría su hijo, su añorado descendiente, el heredero.

La Condesa se comenzó a hacer cargo del cuidado de una madre y su vientre. La condesa le daba las vitaminas, el calcio, preparando el desarrollo de su delfín. Y cuando llegó la fecha de la llegada de su hijo ella estaba en la sala de partos. Y el médico al momento del alumbramiento le da la oportunidad que sea la Condesa quien corte el cordón, un signo que sería ella, y nadie más que ella quien lo recibía en este mundo, le daba la independencia y lo acogía como suyo.

Epílogo.
Actualmente la Condesa trabaja en una empresa de tecnología de nivel mundial, vive casada en Santiago, y preocupada del desarrollo del heredero de tan noble linaje. Tengo personalmente el convencimiento que la Condesa habrá de volver a su natal Contulmo (para ser alcaldesa dice ella), sin embargo no sabe que su pueblo la esperará con reconocimiento, con orgullo, por haber conquistado al gigante de cemento, haberle torcido la mano al destino, por eso la esperarán para coronarla, ya no como la Condesa que siempre ha sido, sino como la Princesa de Contulmo.

24 febrero 2008

Crónica: 4 semanas de vacaciones para Chile.


Para que estamos con cosas, no conozco a nadie (y conozco muchas personas) que me diga que las vacaciones se le hicieron largas, aburridas, y que tenía ganas de volver a trabajar. Sin duda no debe faltar el mono raro que piensa eso, pero la gran mayoría de los mortales de Chile que trabajamos apatronados, que debemos estar con corbata de lunes a viernes añora sus vacaciones, y es más, aboga por tener una cuarta semana, ya sea para tomarse un mes completo, o bien, para dejar una semana para el invierno.


Haciéndome eco de esta mayoría es que me puse a investigar el costo que tiene para el país 5 días hábiles menos por trabajador. Debo darle las gracias a mi gran amigo Rodrigo Navia, Economista PUCV, Doctor en Economía de la Universidad de Tulane – USA (http://rodrigonavia.blogspot.com/), quien me dio luces acerca de cómo debía hacer el cálculo. Considerando el PIB del país (MMUS$184,556 en 2007), dividido por lo días laborables (se descuentan domingos, festivos y los 15 días de vacaciones legales) que serían 285 aproximadamente, da US$647,565 millones. Este resultado lo dividimos por la fuerza laboral (6,651,500 personas según cifras del INE a Ene.2008) por lo que 1 día hábil de vacaciones costaría cerca de US$97 por cada trabajador, es decir unos $42,680 pesos (considera $440/US$1). Con esto, podemos concluir que 1 semana adicional de vacaciones cuesta al país unos US$485 al año por trabajador, es decir, casi US$3,226 millones de dólares por toda la fuerza laboral.


Si consideramos los días feriados en Chile, los cuales son hartos respecto a otros países desarrollados, podemos echar mano a 2 días; vale aclarar que aún cuando son días de descanso, esto no es tan así ya que a veces caen en día sábado o domingo por lo que “se pierden”, sin perjuicio que además no pueden canjearse para adicionarlos a los días de vacaciones, por lo que sólo nos queda ajustar nuestra agenda para hacerla coincidir con dichos días. En rigor, propongo tomar (eliminar) dos de los siguientes feriados:

- 29 de junio, San Pedro y San Pablo: Fue iniciado en honor a la visita de Juan Pablo II a Chile, pero como éste ya falleció, podríamos obviarlo del calendario. Los menores de 25 años no tienen idea de porqué ese día es feriado.

- 16 de julio, Día de la Virgen del Carmen.

- 15 de agosto, asunción de la virgen: Si ya tenemos el día de la virgen, celebrarle otro día es como mucho, creo yo.


Con estos feriados eliminados ya tenemos 2 de 5 días para nuestra 4ta semana de vacaciones. Si el Estado financia otro 40%, es decir, 2 días hábiles (US$1,290 millones al año, cifra que representa cerca de un 14% de los excedentes del cobre producidos en el 2006), y el empresariado se coloca con el 20% restante, es decir, un día hábil (US$645 millones), tenemos a mano los 5 días de la 4ta semana. Con esta fórmula los trabajadores no debieran colocar aportes adicionales (en dinero, impuestos, horas extras, u otra fórmula antojadiza del Estado o de las Organizaciones Empresariales), y sólo debieran dedicarse a sudar la camiseta de lunes a viernes como debe ser. Cabe señalar que otra alternativa viable es cargar parte del costo a las utilidades de las AFP’s, quienes cobran una brutalidad por administrar las imposiciones de los trabajadores, aún cuando se generen pérdidas en el ejercicio.


No está demás comentarles que el actual sistema de vacaciones progresivas (la alternativa vigente para tener más vacaciones en Chile) es una burla al esfuerzo de cada trabajador: la ley indica que después de 13 años de trabajo (se contabilizan las imposiciones mensuales) tendrás 1 día adicional de vacaciones, y luego por cada 3 años se agregará 1 día adicional. Para hacer efectiva estas vacaciones adicionales el trabajador debe tener al menos 3 años de antigüedad en su empleo. Es decir, para que un trabajador tenga una semana adicional de trabajo debe tener 25 años trabajados (300 meses de imposiciones en la AFP). Por esto una persona que comienza a trabajar pasados los 23 años, sólo tendrá acceso a la semana adicional cuando esté pronto a cumplir 50 años de edad. Esto siempre y cuando no tenga vacíos de imposiciones y tenga la antigüedad de 3 años en su empleo actual. En dos palabras, un disparate.


Finalmente, creo oportuno recalcar que 4 semanas de vacaciones no es algo inalcanzable para nuestro país, el costo no es alto para la riqueza que se genera actualmente (riqueza que además no llega a la clase trabajadora), hay fórmulas que no tienen costo directo como el cambio de días feriados, y hay varios actores de la economía nacional donde se debiera distribuir el costo. Ahora, está en las manos de nuestra clase política que legisle al respecto. El hacer patente que esta 4ta semana de vacaciones es una aspiración absolutamente legítima de los trabajadores es tarea de cada uno de nosotros.

13 enero 2008

Crónica: Siga la sigla, PVI.


Para quienes no lo sepan, las siglas son aquellas palabras formadas por el conjunto de letras iniciales de una expresión cualquiera, de modo que nos permite escribirla en forma abreviada, por ejemplo, PVI, Para Vuestra Información, sigla que se ha puesto de moda para iniciar un texto en un correo electrónico. Similar a éstas son las abreviaturas, las cuales son el acortamiento de una palabra de modo que es entendible por el lector, por ejemplo, Sra. en vez de Señora, Km. en vez de Kilómetro, entre varios otros.

Hay varias siglas que son universalmente aceptadas y/o conocidas por su uso cotidiano (delimitémonos al español), como QEPD (Que en paz descanse), ETC (Etcétera). Otras son más locales como las marcas de compañías: COPEC, Compañía de Petróleos de Chile; ENTEL, Empresa Nacional de Telecomunicaciones; o CODELCO, Corporación del Cobre de Chile.

Con el advenimiento de la comunicación instantánea el uso de siglas u acrónimos (siglas que se leen como una palabra) se hace cada vez más notorio y necesario, basta con ver como los jóvenes usan cada vez menos el diccionario español e inventan siglas que permiten acortar el tiempo destinado a teclear, ya sea la Palm, el teléfono o el computador. Ejemplos hay varios: q, qué; pq, porqué; x, por; +, más, tq, te quiero; o tqmx, te quiero mucho; qndo, cuándo; dir, dirección; gral%, generalmente; thanx, gracias. Al parecer no hay mucho tiempo para escribir, lo imprescindible es comunicar.

Hay al día de hoy tanta información disponible que al parecer el uso de acrónimos y siglas es más una necesidad que una moda, tanto que distintos tipos de industrias hacen uso de éstos en forma extendida, por ejemplo, la industria informática. La cantidad de acrónimos usados de modo común es extenso, basta revisar cómo sería un texto con y sin el uso de éstos.

Modo Abreviado: El HW del PC debe tener al menos 2GB en RAM para ejecutar bien los sistemas, ya que los SW fueron construidos para J2EE. La DB definida fue MS-SQL Server y se accede a ella usando ODBC. Toda la información se está respaldando en una NAS y en una SDLT.

Modo Extendido: El Hardware del Personal Computer debe tener al menos 2 Giga Bytes en su Random Access Memory para ejecutar bien los sistemas, ya que los Software fueron construidos para Java Platform Enterprise Edition. La base de datos definida fue Microsoft Structured Query Language Server, y se accede a ella usando Open Database Connectivity. Toda la información se está respaldando en una Network-Attached Storage y en una Súper Digital Linear Tape.

Increíble, al usar siglas ahorramos cerca de un 50% de tinta. Es decir, no es tan malo tampoco escribir con muchas siglas, después de todo si me voy a ahorrar arrugas por dicción, consumo de agua por menor reposición de saliva, menor esfuerzo cardíaco, menor desgaste de los dedos por teclear menos, y menos tiempo perdido esperando que salga la impresión, estoy beneficiándome por el sólo hecho de acortar los textos. VLA (Vivan las abreviaturas). Si más encima le agregamos unos emoticones podremos además darle carácter y sentimiento a lo que estamos expresando.

Finalmente, otras industrias no son ajenas a este fenómeno: la medicina, la electrónica, y para que decir de la industria química, donde las siglas (símbolos) de los elementos químicos son tan antiguas como podemos recordar. La única contraindicación que tiene el uso de siglas y acrónimos es cuando no las entendemos, situación no menos importante, ya que no sabemos de qué nos hablan, por lo que al tratar de explicar decididamente usaremos más palabras, lo que se contrapone con el fin de las mismas. IPDLM (Insólito por decir lo menos). En fin, tenga en consideración esta crónica.

PVI.
thanx, bye
GoGa.

29 diciembre 2007

Cuento: La Condesa de Contulmo (1ra parte).


El poder de la realeza, la fuerza de lo real.

La historia que voy a contar comienza en Calebu, un pequeño pueblo de 500 habitantes en la comuna de Contulmo, Provincia de Arauco de la Región del Bío Bío, en la década del 70, cuando nace allí la Condesa de Contulmo. El poblado se ubica entre dos grandes lagos: Lago Lanalhue y el Lago Lleu Lleu (considerado el lago más puro de Latinoamérica).

En dicha localidad y época, la electricidad no era ni anhelo para sus habitantes, ya que no había esperanza alguna de que se pudiera llegar hasta dicha comuna con este básico recurso, por esto sus habitantes aprovechaban todo halo de luz para realizar sus actividades, y al llegar la noche sólo las lámparas de petróleo iluminaban afanosamente el extenso campo. La actividad cada día para la Condesa de Contulmo comienza con el cantar de los gallos, luego ayudar en las labores de campo, ir a la escuela local, hacer sus tareas, alimentar a los animales, para cesar al atardecer. No hay televisión que ver, no hay cuento que leer, sólo las estrellas son su compañía cada noche y el dormirse temprano es una actividad obligada.

La Condesa durante su infancia fue una chica más de campo; jugaba en las chacras, corría y se escondía por los cerros, nadaba en el lago, cuidaba a sus hermanos menores, y ayudaba a sus padres en las labores hogareñas. En dichos tiempos, la Condesa de Contulmo se debía bañar con agua de pozo, no había agua potable, por lo que toda el agua debía ser extraída desde ese hoyo profundo y ser debidamente cocida para no morir de tifus o diarrea. De hecho la Condesa no tuvo enfermedades en dichos tiempos ¿Habrá sido suerte? ¿O que sus padres fueron tan metódicos? ¿O tal vez que el destino la necesitaba sana para lo que venía?

Sus padres la ingresaron 1 año en el internado de Contulmo, en el pueblo más cercano (¿existe acaso alguna princesa de la realeza que no haya estado internada?), ya que en Calebu sólo había hasta 7mo básico. Allí cursó sus primeros encuentros con plebeyos. Luego se fue a Santiago
, donde vivían dos hermanas mayores, a estudiar la enseñanza media; 1 año vivía con una hermana y al año siguiente con la otra. El 1ro medio lo hizo viviendo junto a una de sus hermanas la cual tenía 3 hijos y estaba casada con 1 carabinero. Allí por el 88’ vivió en un departamento fiscal donde iban a apedrearlos por ser "casa de los pacos". Allí nace su despertar político, donde comienza a conocer la verdad. El colegio donde estudiaba quedaba en La Legua, donde el ambiente de pobreza, dignidad y revolución comenzó a forjar en su corazón un compromiso social que iría creciendo con el tiempo. Venía de la real pobreza y se comenzaba a encontrar con la realidad de su pueblo.

Del colegio sólo se permitía estudiar, no salía con sus compañeros, su obligación era aprovechar la única oportunidad que tendría, y así lo hacía. Era de las primeras del curso, de los mejores rendimientos, de los mejores comportamientos, como los de la realeza de antaño ¿Alguien conoció acaso a una Condesa porra o fiestera?, en esa época no se hablaba aún de la Princesa Carolina ni menos de su hermana). Fue al final la mejor de todos. Sin embargo, quería estudiar algo corto que le permitiera tener independencia económica para vivir sola.

La monja superiora del colegio la ayudó para que le consiguieran media beca en un instituto, el resto lo aportaba una de las hermanas de la Condesa. Al tiempo, y por motivaciones desconocidas, la Condesa fue expulsada de la casa de su hermana, lo que derivó en que debió buscarse un alojamiento, y por otro lado, que debió trabajar para costear la mitad de la beca. Su vida hasta ahora no se distanciaba mucho de lo que pasaba con la realeza en Europa, la cual también caía a veces en desgracia, era expulsada de sus palacios por alguien de su familia, y debían realizar trabajos destinados a la plebe. La acogió en su casa una amiga quien hacía las veces de chaperona; esta amiga era su confidente, su conexión al mundo real, y la madre de ésta comenzó a sentir de a poco cariño y respeto por la Condesa.

La Condesa tuvo que buscar otro trabajo para ayudarse, y la suerte le jugó una doble pasada de buena y mala suerte; encontró trabajo en la consulta de un ginecólogo, quien era vecino de su amiga chaperona.
Ella ordenaba las fichas del ginecólogo y tomaba las horas de los pacientes. Una vez el doctor le ofreció examinarla, y fue allí cuando se inicia la mayor desgracia y lucha que da la Condesa; el médico una vez que la examina y hace varios exámenes le informa que nunca podría ser madre. A los 18 años otra cicatriz caía sobre el cuerpo de la Condesa, no podría dejar descendencia de su linaje en la tierra.

Así es, la Condesa era apenas una adolescente de 18 años y ya había dejado sus tierras, había sido desterrada por parte de su familia, acogida en casa extraña, trabajado para pagarse sus estudios, y un médico dictaba sobre ella el diagnóstico que cambiaría su vida para siempre.

Continuará…

24 noviembre 2007

Cuento: Tú auto lo amas o lo odias: tres cuentos de amor y odio con el mismo móvil (cuento 3 de 3).


Hay que deshacerse de la maldición a cualquier precio.

Cuando llevé el auto por primera vez a una mantención, al abrir el mecánico el capó miró con asombro y soltó un “chucha, media cagada”. Yo aún no sabiendo nada de mecánica veía todas las piezas en su lugar, o al menos, un montón de piezas con una distribución ordenada en ese espacio. Sin embargo, al consultarle al mecánico qué pasaba me indica que es obvio que el auto había tenido un choque muy grande, frontal, y que las huellas estaban a la vista. Comienza a mostrarme todas las partes que se habían hecho de nuevo, y al finalizar su muestra me queda claro que la parte delantera del nipón se la habían confeccionado de cero, es decir, había tenido el manso tortazo, y tendría que lidiar con ello cuando quisiera venderlo.

Bueno, así no más fue; cada vez que alguien se interesaba en el auto (y que no eran muchos ciertamente) habría el capó para pegarle una mirada al motor, y se daban cuenta de inmediato que había tenido un choque grande. Para colmo, como era un auto antiguo no había mucho interés. Algo tenía que hacer al respecto.

Un día me encontraba en División Andina de Codelco, en una de sus plantas, y estando en una oficina escucho lo que decía una persona a otra; “mira, tengo este fajo para comprarme el Fito, un millón doscientos mil pesos, ya lo tengo visto así que espero esta semana concretar e irme de vacaciones con el”. Ante tamaña oportunidad no me quedó otra que reaccionar y echar a correr todo mi expertise en ventas. Pregunté el nombre de la persona y me informan que le dicen el Cazsely. Fui a la oficina donde se encontraba y le dije:

Yo: “Hola, soy Gonzalo Galleguillos, estaba en la oficina del lado y no pude dejar de escuchar lo que comentabas acerca de comprar un auto. ¿Qué auto estás buscando?”.
Cazsely: “Hola. Estoy cotizando un Fito (Fiat 147), ya que tengo $1.200.000.- y no tengo más”.
Yo: “Pero dime, ¿cuántas personas son en tu familia?”.
Cazsely: “Somos 4, mi señora y 2 hijos adolescentes”.
Yo: “Ahh, o sea necesitas espacio, sobretodo para viajes, cada uno 1 bolso, significa que necesitarás un auto con buena maleta. ¿No has pensado por ejemplo en un Datsun Bluebird?”.
Cazsely: “Nooo, ese sale mucha más plata, y no quiero endeudarme”.
Yo: “No creas que cuesta tanto más. Yo estoy vendiendo el mío, y estaría dispuesto a liquidarlo en $1.400.000.- para ti.”.
Cazsely: “No gracias, si no tengo la diferencia”.
Yo: “Mira, no hablemos de dinero aún, primero prueba el auto y la diferencia de estar en un fito”. (Cabe señalar que era jueves, víspera de un fin de semana largo).
Cazsely: “¿Y tienes el auto acá?”.
Yo: “Sí, pero como el auto está a toda prueba, te lo paso todo el fin de semana largo, está con estanque lleno, llévatelo de viaje de modo que lo pruebes tú y veas si le gusta a tu familia”.
Cazsely: “¿En serio?”.
Yo: “Claro, si vas a comprar un auto para ti y tu familia todos deben conocerlo y gustarle. Te aseguro que este auto les encantará, y mucho más que el Fito que hablabas”.
Cazsely: “Ya pos, probémoslo entonces”.

Una vez que entrego llaves, documentos y recomendaciones finales, el posible comprador se lleva el auto. Ese fin de semana sólo pensaba en que el auto no fallara (aún cuando nunca fue panero), de modo que el lunes pudiera cerrar el trato.

Llega el lunes y voy en búsqueda del Cazsely. Lo veo y le pregunto sobre el auto, qué le pareció. Me dice que lo encontró espectacular, grande, bonito, suave, que a la “iñora” le encantó, y que los cabros chicos lo encontraron súper bueno. Se había enamorado del auto. Así que era hora de ponerse de acuerdo en el precio. El tenía $1.200.000 y yo quería $1.400.000, así que le propuse un acuerdo salomónico, que cerráramos en $1.300.000.-, pero como el no tenía más efectivo y no quería endeudarse, le propuse (dado que ya me habían pasado el dato que tenía una disquerías en Los Andes) que la diferencia me la diera en música. Trato hecho.

Pasaron unos meses desde que me había despedido del Nipón, y me encuentro con el Cazsely, le pregunto como estaba y me dice que espectacular; que al “bramador” le compró radio nueva, neumáticos nuevos, y que lo estaba adornando de lo lindo (debe haber sido de las primeras enchuladas de la época). Que bien le digo.

Al tiempo me lo encuentro nuevamente, y al preguntarle por el “bramador” me dice que se lo robaron. Nooo!!! Exclamé. ¿Pero como? Se lo habían robado de la puerta de su casa y llevaba 2 meses desaparecido. Ya no tenía esperanza de encontrarlo y más encima no le tenía seguro. Me pregunta si a mí me lo habían robado alguna vez. Nooo!!! Nunca (qué sacaría diciéndole que el auto tenía un currículum serio como vehículo robado).

Supe tiempo después que el Cazsely identificó lo que quedaba del auto cuando mostraron en las noticias la captura de una banda que robaba vehículos y los desarmaba para venderlos por parte. Así es, identificó lo que quedaba del chasis y algo de la carrocería gris plata. Allí estaba el Nipón, encontrado como quien encuentra la tumba de un faraón profanada, con la momia en su interior, listo para aplicar su maldición nuevamente a quien se atreva a poseerlo.

28 octubre 2007

Cuento: Tú auto lo amas o lo odias: tres cuentos de amor y odio con el mismo móvil (cuento 2 de 3).


La maldición de Tu Tan Robando. Cuatro robos seguidos ¿Cómo tanta mala suerte?

El auto había probado ser mecánicamente bueno, y no sólo para las manos y pies del huaso bruto que me llo vendió, sino que para este neófito del automovilismo urbano, quien por primera vez tenía su movilización propia. Viajé al sur, incluso hasta los inicios de la carretera austral, al norte hasta Pichidangui, y los trayectos entre Los Andes y Viña del Mar eran periódicos, al menos 2 veces por semana.

El “bluebird”, o el “Nipón” como le decíamos de cariño nos llevaba en su espacio y ruido a fiestas, camping, playa, campo, al trabajo, a la casa, etc., etc. En uno de estos trayectos fue que se manifestó la maldición por primera vez; era 1 de enero del 95’, y fuimos a saludar a la polola de mi hermano, dejamos el auto fuera del pasaje, en pleno 5 Oriente en Viña del Mar, ya que estaríamos sólo unos minutos allí. Al salir después de 2 horas me pareció raro no ver el auto, pensé incluso que lo había estacionado más lejos que donde se supone que estaba. Si no fuera por mi hermano que con su exclamación “¡nos robaron el auto weón!” (primer robo) me hizo recién asimilar la realidad que estábamos a pie nuevamente, y que el paradero del Nipón era absolutamente desconocida. Sólo había quedado el alambre con el cual abrieron la puerta del auto, nada más.

Nos fuimos caminando hasta la comisaría a poner la denuncia, hicimos el papeleo de rutina, y ahora sólo a esperar que apareciera. No tenía seguro para el auto, sólo tenía cariño por el. Después de cinco días andando en micro, un llamado de los carabineros a la casa nos alertó que había novedades, sí, era por fin, me informaban que el Nipón había aparecido, que estaba en buenas condiciones, pero que tendría que ir al juzgado y luego podría retirarlo del patio de vehículos encargados. El sargento que me hace entrega del Nipón me recomienda que le saque un seguro, ya que había tenido demasiada suerte, el auto lo carretearon 5 días, y no lo habían desmantelado ni chocado, es decir, la había sacado demasiado barata.

Sólo habían pasado 4 meses desde ese desdichado evento, y el Nipón nos había llevado hasta una fiesta en el cerro Polanco, a unas pocas cuadras de la iglesia de San Francisco, a cuadras de la comisaría del sector. Mi auto quedó entre dos autos de amigos, los cuales eran bastantes más modernos que el mío, y contaban con alarmas, el mío sólo contaba con un seguro contra robo que no se veía a simple vista. Esa noche de fines de abril era lluviosa y fría, y cuando salimos de la casa de Christian no fue menor mi sorpresa cuando vi entre los autos de mis amigos un espacio similar al tamaño del Nipón; ¡me habían robado nuevamente el auto! (segundo robo).

Ahora estaba preparado, tenía el seguro contra robo, y sólo debía esperar que el auto no apareciera más, así me pagarían el valor de ese tarro y podría comprar otro más decente (y más seguro). Llamo por teléfono a carabineros para hacer la denuncia, y cuando me preguntan por la patente me piden que la repita, la repito, y al instante me informan que el auto lo habían encontrado (se esfumó mi posibilidad de hacer dinero fácil). No conforme con eso me preguntan si tengo a algún amigo con grúa (¿?), ya que el auto lo dejaron botado en la ladera de un cerro y se estaba desbarrancando sobre una casa. ¡Noooo! Me insiste si acaso tengo con quien conseguirme una grúa, y le reitero que no conozco a nadie con grúa. Quiero ir a ver ahora mi auto, pero el carabinero me indica que está en un lugar muy peligroso, cerca del Chalet Picante, cerca de Plaza Echaurren, en pleno barrio puerto hacia los cerros. Sólo me recomienda que lo pase a ver al día siguiente, con luz día, que habría un carabinero de punto fijo así que no me hiciera problema, pero que llegara temprano.

Al día siguiente (domingo) me levanté de madrugada, me eché $7.000 pesos al bolsillo en efectivo, y me fui sólo con mi carné de identidad. La micro me deja en Av. Argentina y allí tomo un taxi hasta el Chalet Picante. Me espera efectivamente en un desplayo de tierra un carabinero que me es cara familiar, me cuenta los hechos, y me indica que me tengo que arreglar con el tipo de la grúa (aquí viene el tercer robo). Saludo al tipo de la grúa, y se da el siguiente diálogo:

Yo: “Buenos días.”
Tipo de la grúa: “Buenos días ¿es suyo el auto?”
Yo: “Sí, es mío.”
Tipo de la grúa: “Chiss, ¿vio donde se podía caer?. Le salvé el auto.”
Yo: “Mmm, que bueno. Me dice el carabinero que me tengo que arreglar con Usted.”
Tipo de la grúa: “Si pos. Si estoy desde las 3 de la mañana salvándole el auto, mire como estoy de mojado.”
Yo: “¿Y a Usted quien lo llamó?”
Tipo de la grúa: “Cuando hay este tipo de procedimientos me llama carabineros.”
Yo: “Ya. ¿Y cuánto me va a salir la gracia?”
Tipo de la grúa: “Bueno, saque la cuenta. Estoy mojándome desde las 3 de la mañana y le salvé el auto, porque el auto es suyo ¿no es cierto?”
Yo: “Sí, claro que el auto es mío, pero como yo no lo llamé quiero saber cuánto me va a cobrar.”
Tipo de la grúa: “Súbase a la grúa no más, si igual hay que remolcar el auto hasta el patio de vehículos. Una vez que se arregle conmigo yo le doy un papel que lo autoriza a retirar el auto.”

Me acerco nuevamente al carabinero para consultarle cual es el procedimiento y me indica que una vez que me arregle con el dueño de la grúa puedo pasar al patio para retirar el auto. Me despido y se da el siguiente diálogo:

Carabinero: “Me es cara conocida usted.”
Yo: “Puede ser, a mi me robaron este auto el 1 de enero, y creo que me atendió Usted cuando lo encontraron.”
Carabinero: “chisss, ¿y en qué está que no vende este auto? Si este auto ya está yetado.”
Yo: “En eso estoy, pero no he podido venderlo. Bueno, gracias por lo realizado, me voy con el tipo de la grúa para arreglar el tema del costo.”

Me subo a la grúa, y le ofrezco 2 mil pesos, y el tipo sólo atina a soltar una carcajada. A los segundos nuevamente me pregunta si yo me compré el auto. Le ofrezco 5 mil pesos, y su cara se comienza a desdibujar, como entendiendo que yo no estaba bromeando y que estaba haciendo una oferta en serio.

Yo: “Ya, le ofrezco todo lo que ando trayendo, 7 mil pesos, las monedas las necesito para la micro”
Tipo de la grúa: “Ta’ loco, si estuve toda la noche. Esto le va a salir 70 mil pesos.” (tercer robo)
Yo: “¡Quéeeeeeeeeeee! ¿Cómo se le ocurre que le voy a pagar esa suma? Ni cagando.”
Tipo de la grúa: “Bueno, eso es lo que sale. Y si no me paga no puede sacar el auto del patio.”
Yo: “Bueno. Voy a hablar con los carabineros porque esto es un asalto. Yo no lo llamé, y lo que me cobra es un robo.”
Tipo de la grúa: “Bueno, cuando lleguemos converse con ellos.”

Llegamos al lugar donde dejan los autos encargados por robo u otros motivos, y para sorpresa mía me doy cuenta que la oficina del tipo de la grúa estaba en un container dentro del patio de vehículos, es decir, era “socio” de los carabineros. Veo que todo está en mi contra así que me pongo en modo negociador.

Yo: “Ya. ¿Cómo podemos arreglar esto? ¿Cuotas, una rebaja?“
Tipo de la grúa: "No, no hago rebajas ni doy cuotas."
Yo: "Estamos cagados entonces."
Tipo de la grúa: “¿Tiene algún seguro para el auto?”
Yo: “Sí, pero tengo el más rasca de los seguros; contra pérdida total y daños a terceros.”
Tipo de la grúa: “Ahí tamos listos.”
Yo: “¿Cómo?”
Tipo de la grúa: “Claro, el seguro paga, no ve que le salvé el auto de una pérdida total, y si cae arriba de la casa hubiesen tenido que pagar esos daños también. Pase a buscar el lunes el parte de carabineros, lo vamos a tener listo, y acuérdese que le van a pagar. El liquidador al comienzo le va a poner problemas, así que póngase duro no más, y verá que le paga.”
Yo: “¿Seguro?”
Tipo de la grúa: “Claro, si ya hemos arreglado antes con los seguros.”
Yo: “¿Y ahí quedaríamos saldados entre nosotros?”
Tipo de la grúa: “Claro, si para eso están los seguros, para que Usted no pague.”

Fui el lunes a buscar el parte y me lo entregaron con lujo de detalles tal como me había indicado el tipo, en la tarde pasé a la aseguradora e hice lo que me recomendó, y pasó lo que él predijo. Me puse duro unos minutos, y el liquidador me dice que le diga al tipo de la grúa que mande la factura no más a la aseguradora, que ellos se harían cargo.

Salí contento de allí, al final de cuentas no tendría que pagar lo que me estaba pidiendo el sinvergüenza de la grúa, sin embargo, me quedó la sensación que en ese trámite había algo más que turbio (cuarto robo) y yo había sido algo más que un cómplice. La maldición de Tu Tan Robando me había alcanzado con todas sus garras.

01 octubre 2007

Cuento: Tú auto lo amas o lo odias: tres cuentos de amor y odio con el mismo móvil. (Cuento 1 de 3)


El inicio. Todo comenzó rechinando los neumáticos.

Era finales del año 1992, llevaba casi 1 año trabajando en mi primera pega, y ya tenía ahorrado algo para cumplir el sueño de todo profesional joven, tener la independencia de movilización, podía comprarme un auto. La verdad es que no sabía que auto me compraría, ni siquiera tenía licencia de conducir.

Me puse a buscar en los diarios, en ese tiempo vivía en Los Andes, y la oferta no era mucha. Un día caminando por el centro de la ciudad ví un Datsun BlueBird gris plata, 4 puertas, año 81, y me recordó el auto que tenía el papá de unas amigas de infancia que nos llevaba a la playa en el mismo modelo. ¡Ese es el auto! Ubiqué al dueño y salimos a probarlo, para lo cual me acompañó un amigo que sabía tanto de autos como yo de bombas atómicas, nada.

Nos subimos al vehículo, el dueño me pasa las llaves, lo enciendo, lo acelero un poco sin moverlo, lo miro por dentro, su tapiz, el tablero, el exterior a través de los vidrios. Me parecía un sueño. El dueño, un tipo de trato campechano y bonachón, me dice que vayamos a dar una vuelta para probarlo. Acepto, pongo 1ra y nos movemos por el centro de la ciudad, pongo 2da, y avanzamos sin ninguna dirección fija, alcanzo a poner 3ra y ya un disco Pare me indica que debo comenzar todo de nuevo. Se repite la misma secuencia varias cuadras, mientras me doy cuenta que el dueño me mira de reojo como tramando algo. Me dice, tome esa calle y vayamos para el camino internacional, el que va para Mendoza.

Al llegar a la salida de la ciudad se desarrolla la siguiente conversación:

Huaso: “¿Es primera vez que prueba un auto?”
Yo: “Sí”
Huaso: “Se nota, porque como lo mueve todos los autos funcionan. Para probar un auto debe exigirlo. Córrase que yo le voy a mostrar como se prueba un auto.”
Yo: “Ya pos.” (el auto queda detenido sólo con freno de mano)
Huaso: “Mire, lo primero que debe probar si el auto tiene buena salida.” Bbrrrrroooooommmmm. Aceleró a fondo el auto, como queriendo hundir el pedal hasta el motor mismo.
Yo: "Guau."
Huaso: "¡Ve! El auto tiene que salir con fuerza, sentir que tiene motor." (a esa altura el auto estaba alcanzando los 100 kms/Hr)
Yo: "Mire, se siente bien. "
Huaso: “¡Ahora debe probar que los frenos funcionan!” Y no alcancé a preguntar nada cuando hundió su pie en el pedal del freno hasta dejarlo pegado al piso del auto. Por suerte me había puesto el cinturón, y mi amigo, que terminó entre medio de los asientos, se dispuso a ponerse el suyo.
Huaso: “¡Ve! Un auto a 40 km/Hr frena siempre. Tiene que probarlo así, cuando va rápido, para probar que los frenos están buenos.”
Yo: Glupp. (Sólo atiné a mirar por el espejo como parte de los neumáticos se quedaron en el pavimento a través de unas largas franjas negras)
Huaso: (con los ojos ya medios desorbitados) “Ahora tiene que probar que la dirección esté buena”. Aceleró hasta cerca de los 80 kms/Hr nuevamente y comenzó a girar el volante con una mano de un lado a otro en forma frenética. El auto se balanceaba de un extremo a otro de la carretera, yo sólo atinaba a sujetarme lo mejor posible a mi asiento mientras el huaso disfrutaba la cara de espanto que llevábamos.
Yo: “Se ve que está impecable el auto”.
Huaso: “Espere, ahora debemos probar que el auto no se carga, que esté bien balanceado”. Y procedió a dejar el auto con un costado en la calzada y el otro sobre la berma de tierra, y ¡soltó el volante a unos 80 kms/Hr! “Ve, el auto no se puede ir para ningún lado”.
Yo: “Ya! Me convenció. Se ve que el auto está a toda prueba. Se lo compro.”

Llegamos a Los Andes no sin antes que el huaso acelerara el auto a unos 130 Kms/Hr., manejando con la ventanilla abajo, con un brazo sobre la puerta y conduciendo con la mano derecha, como en señal de satisfacción, como si la tarea estuviese realizada.

Nos bajamos aún tiritando por los nervios de la experiencia con el huaso desquiciado. Le digo que nos juntemos al día siguiente en la Notaría para formalizar la compra. Nos despide con un “chao lolitos“. Al menos, me quedaría con un auto que funcionaba perfectamente, a toda prueba, y no debería tener problemas en el futuro. Eso es lo que ingenuamente pensaba. (continuará en el 2do cuento).

26 agosto 2007

Crónica: Muerte a los 40 años.


Agosto, 2007
La muerte como tal tiene múltiples significados dependiendo de la cultura (India, China, Occidental, etc.), sin embargo, podemos aceptar que en rigor la muerte es un cambio. Así es, pasamos de un estado viviente a un estatus misterioso aún, para algunos a la vida eterna, para otros a una reencarnación, para algunos simplemente a la oscuridad. De hecho, en el Tarot la carta de la muerte también significa “cambio”, cambiar de trabajo, migrar de ciudad, o cambiar de actitud.

A los 40 años es significativo que vivimos una especie de muerte, ya que sepultamos esa etapa maravillosa del “adulto joven” donde se nos permite aventurarnos a realizar actividades que en la “adultez madura” no son concebidas. Por ejemplo, pensamos en el carrete con tanta anticipación como para llenar nuestra agenda debidamente, mientras que en la adultez pensamos como asegurar el bienestar de nuestros hijos, el presupuesto de gastos para la casa, y todo lo que conlleva tener familia.

Durante agosto de este año, Patricio Leiva – el Pato – amigo y compañero de Universidad murió de un fulminante ataque al corazón. Había cumplido 40 años en abril. El Pato estaba en etapa de cambio; estaba terminando su segunda carrera, Ingeniería Civil Industrial, estaba realizando clases en la Universidad Arturo Prat además de su trabajo en ITI, y se encontraba ya consolidando su vida en el norte de nuestro país. No cabe duda que el cambio en este caso no sólo fue para el Pato, si no que para quienes lo rodeaban; una esposa no tendrá a su compañero, tres hijas no tendrán a su padre, no habrá un hijo, un hermano, un tío, y para muchos no habrá ya un colega, un compañero de trabajo, un profesor, un compañero de Universidad, un amigo. El cambio que produce la muerte se manifiesta abiertamente en nuestro entorno.

La muerte ya evidenciada en nuestras vidas puede ser tomada de múltiples formas también; con pena, dolor, desconsuelo y sorpresa normalmente, para otros como la posibilidad de pasar a un estado superior, para algunos simplemente la manifestación de la vida, así es, la vida que nos muestra en forma descarnada que somos efímeros, que tenemos comienzo y fin, que estamos de paso, que somos frágiles. La muerte del Pato, en mi caso, me dejó un mensaje – tal como lo hacía el Pato en la Universidad, en los años duros de la dictadura – que debe movernos a la acción; el mensaje del Pato fue cuídense, háganse un chequeo médico, aseguren a sus familias, preocúpense de lo importante, no nos quedemos pegados en trivialidades.

Gracias Pato por estremecernos con tu accionar nuevamente - tal como lo hacías en la Universidad -, por mostrarnos la verdad de la muerte, que está ahí, detrás de la puerta esperándonos, que somos frágiles, que a los 40 años el cambio es sí o sí, que puede ser tan radical como desaparecer de este mundo, pero que podemos y debemos prepararnos. "Compañero Patricio Leiva, ¡Presente!, ¡Ahora y siempre!.

29 julio 2007

Cuento: Dónde no dormir la mona.


Cuando una persona ha pasado su estado límite de conciencia producto del alcohol se le despiertan los demonios o los ángeles, y termina siendo alguno de los característicos curados de nuestra fauna nacional: el odioso, el meloso, el retraído, el cantante, el momia, el danzarín, el tímido, el aguja, en fin, todas aquellas personalidades que hemos visto en fiestas, fondas, y reuniones varias.

Yo debo reconocer que mis ángeles y demonios salen con tanto sueño que lo único que puedo pensar cuando el alcohol ha sido demasiado es en dormir. Y no importa donde ni en que momento, simplemente cuando me baja el sueño es un palo que me dan en la cabeza, duro 1 minuto donde alcanzo a determinar qué será el lecho, y buenas noches los pastores. He aquí tres ejemplos:

Estábamos en Aguas Blancas, cerca de Maitencillo, y la fiesta se había convertido en un rito tribal, con compañeros saltando sobre la fogata, pasándonos la botella de uno a otro, y una vez que se “me iba a apagar la luz” alcancé a tirarme en la arena y taparme con una frazada. No sé con certeza si pasé frío durmiendo en la playa, sólo sé que al despertar la espalda la tenía molida. Supuestamente la arena se acomoda al cuerpo, sin embargo, aquí las costillas se adaptaron a cada montículo de arena. No recomendable.

En otra oportunidad me encontraba en una fiesta en el departamento de una compañera, y al igual que la vez de la playa, sabía que me encontraba en los últimos 60 segundos de lucidez, o seguía bebiendo o me ponía a dormir en forma inmediata. Las piezas ya estaban ocupadas, otros dormían en el suelo del living, así que agarré unas frazadas y me dispuse a dormir en la tina de baño. Cabe considerar que la tina era antigua, no estas nuevas de 1 mt., así que alcancé a estirarme lo suficiente como para parecer que estaba en mi cama. Al final, bastante más duro que la arena, pero no menos cómodo, algo húmedo y sombrío. Podría recomendarse en caso de urgencia.

Finalmente, en otra fiesta, simplemente no alcancé a definir mi lugar de sueños, mi ángel de la guarda se encontraba ebrio, y al demonio que llevo dentro se le ocurrió que me dieran deseos de ir al baño a la hora menos propicia, cerca de las 2 de la mañana (¿quién se sienta al WC a esa hora?). No tenía opción, me dispuse a sentarme, busqué una revista para ojear y no había nada para leer, así que acomodé mis codos sobre mis piernas y mi cabeza sobre mis manos a esperar terminar… a esperar... a...

Compañero: “¿Goga, estás bien?”
Yo: “mmm, sí, estoy bien, gracias”
Compañero: “ok, ya es temprano”
Yo: (en voz baja) “¿Cuánto tiempo pasó?”

Al mirar el reloj no lo podía creer, había pasado cerca de 5 horas sentado en el WC. Obviamente tenía aún las piernas dormidas, un dolor de espalda y cuello increíble, y para que decir de las nalgas, las tenía incrustadas en el agujero del WC. No podía despegarme del asiento, el dolor era “redondo”, pero hice el esfuerzo necesario hasta que pude desligarme de ese picarón de palo. Definitivamente ir al WC es un placer cuando uno llega con un apuro estomacal, también cuando se está unos 15 minutos sentado y leyendo el diario, pero es un hecho que dormir 5 horas allí no se lo recomiendo a nadie, como para decir “La cagué, me quedé dormido donde no debía”.

30 junio 2007

Cuento: Se atraca en el puerto, no en la playa.


Valparaíso, a finales de los ochenta. Corrían los hermosos años de la Universidad, donde lo único importante era aprobar los ramos, pololear, y el presupuesto se ajustaba a lo que recibías de mesada, no había deudas, proyectos de vida ni responsabilidades mayores. ¿Idílico, no?

En esa época estaba pololeando con una porteña algo mayor que yo. Era una morena muy atractiva, y tenía especial predilección por ir al muelle Prat de noche; a esas horas las lanchas descansaban, había gente pescando, sólo las grúas se movían con agilidad moviendo mercancías entre los barcos y los camiones que allí esperaban. Era como estar viviendo el libro de Manuel Rojas – Lanchas en la bahía – viendo en imágenes cada una de esas páginas. Allí donde atracaban barcos y remolcadores a cada momento estábamos nosotros también.

Como jóvenes y enamorados la pasión era asidua a acompañarnos, por lo que normalmente terminábamos en un tórrido abrazo donde las manos se desbocaban, los besos eran increíblemente húmedos, y el calor de los cuerpos terminaba por indicarnos que era hora de irse de allí para no terminar presos por ofensas a la moral, sin perjuicio que las miradas libidinosas de pescadores y vagabundos normalmente también terminaban asustándonos, por lo que emprendíamos rumbo a algún lugar “despejado”. Así fue como en muchas oportunidades terminábamos en la puerta de su casa, a escondidas, bajo la oscuridad absoluta, donde nada se veía, sólo sentía la emoción, sólo se escuchaba la agitación, sólo se olía la pasión.

En una de nuestras salidas estábamos en la playa viendo la puesta de sol, y allí nos quedamos hasta que todo vestigio de sol se ahogó al final del mar. Habían muchas parejas al igual que nosotros, algunas más querendonas que otras, y allí estábamos nosotros, en un abrazo eterno, recostados en la arena, como si fuera un colchón infinito, pero con mucha compañía. Por esto ella me dice al oído “vámonos para la parte de abajo de la playa, allí no nos verá nadie”. Después de darle vuelta al asunto y analizarlo durante dos segundos dije “Ya!”, y emprendidos caminata hacia la parte de la playa que normalmente está en pendiente, cerca de donde revientan las olas.

Estábamos ya en la orilla de la playa, y efectivamente perdimos de vista al resto de las parejas que estaban por allí, sólo nos contemplaba el mar y la luna. Fue allí donde ella como un relámpago se monta sobre mi y comenzamos a besarnos, sólo el ruido de las olas rompía de vez en cuando el estado febril de nuestros cuerpos y nos hacía mirar hacia atrás por si la ola se atrevía a pasar los límites que habíamos calculado. Pero los abrazos te adormecen el cuerpo y los besos te dejan sordos, es la única explicación para que no hayamos sentido que la ola que había reventado era la más grande de aquella noche, y sólo pude percibirla cuando inundó mis zapatillas. De ese segundo hacía adelante sólo atiné a tratar de levantar mi cuerpo, como un arácnido se alza sobre sus patas, y con mi polola aún encima mío riéndose a carcajadas. El agua corría varios metros por debajo de mi cuerpo, y no pude aguantar más. Fue cuando mis piernas y mis brazos se derrumbaron, y dejaron caer mi humanidad sobre el agua aposada sobre la arena, y mi polola riéndose como si estuviese arriba de un bote de carne y hueso.

Una vez que logré ponerme de pie vi los resultados de aquella noche de pasión playera, y si tenía la expectativa de terminar muy húmedo, el mar se había encargado de sobrepasarla y dejarme empapado; nuca, brazos, espalda, traste, piernas y zapatillas estaban completamente mojadas y con arena. Sólo me quedaba la opción de mirar de frente al mundo, ya que si le daba la espalda vendrían preguntas que esa noche no quería responder.

01 mayo 2007

Culinario: Restaurant Sukalde.



Santiago, 12 de abril de 2007.
El Restaurant Sukalde (Bilbao 460, Providencia, a metros de Av. Italia), es pequeño de aspecto (frontis) y no defrauda esta imagen ya que en su interior no deben haber más de 40 puestos, sin embargo los espacios están bien distribuidos como para que no haya intercambio de perfumes, olores, conversaciones y pudores entre las mesas. Al entrar se encuentra con el bar, austero en forma y colección, lo que contrasta con lo extenso de su carta de tragos, aperitivos y vinos. La cocina se divisa desde distintos puntos del restaurante, lo que da – al menos a mí – una sensación de limpieza y transparencia en lo que se hace.

Como aperitivo probé el cocktail de frutas, trago de la casa, que sin ser una maravilla dista del típico batido de frutas con pisco, gin o ron.

De entrada ordenamos camarones apanados en manko, mayonesa oriental y salmorejo con aire de tomate. Cabe señalar que el “aire” es recurrente en el menú de este restaurante, y que viene a ser algo más suave y tenue que un mousse, es una espuma o batido con el aroma de su esencia base. Además, pedimos Vidriola en salsa verde con cristales de papa. Los cristales de papa quedan de una forma muy singular, tanto así que termina el grupo adivinando que es eso, sin contar con que las papas fueron bañadas en jugo de betarraga, lo que ocasiona que los cristales queden con un color rosado que hace pensar que es jengibre endurecido.

De fondo pedí “Thay Pescado”: Konzo con puré de manzanas y cilantro, fideos de arroz con salsa de coco, aire de curry y aceite de pimentón. El Konzo es un pez de Isla de Pascua. La presentación del plato es exquisita (ver foto adjunta), el sabor mejor.

De postre me atreví con unos spaghettis de naranja sobre mousse de chirimoya y aire de zanahoria. Plato que a la vista no convence ni al más de los hambrientos, sin embargo, una vez que los spaghettis son mezclados suavemente con el mousse de chirimoya uno puede comenzar a olvidarse de que la base es una comida y no un postre, dejando navegar al paladar sobre los sabores, simplemente entregado a los aromas y buqué de un postre muy elaborado e innovador, una apuesta a ganador.

Averiguando posteriormente a nuestra visita supe que el chef a cargo es un chileno-mexicano, Matías Palomo, chef de extenso y prestigiado currículo en el extranjero, el cual se veía reflejado en cada uno de los platos que desfilaron por nuestra mesa.

La carta del restaurante es pequeña; son cuatro entradas, tres fondos del mar, tres fondos de la tierra y cuatro postres. Esta carta la cambian cada 3 meses, por lo tanto después de dicho tiempo invita a ser visitado nuevamente y no repetir los platos. Si lleva tarjeta del Club de lectores de El Mercurio tiene un 25% de descuento, no la olvide. Se puede fumar (raro).
Comensales: Marta, Claudio, Jaime, Karen y Alexis, Chelo y Yo (GoGa). Ver video a través de youtube haciendo click aquí http://www.youtube.com/watch?v=6WrqOauMpmQ, la resolución es por lo charcha de mi teléfono celular. Esta es la primera reunión del 2007 donde comenzamos a trabajar en lo que será el evento de este año, la celebración de los 20 años desde que ingresamos a Informática en la UCV. Salud!!

Resumen (notas de 1 a 7):
Consumo promedio: $20.000 pesos (US$38)
Decoración: 6,0
Comodidad de silla y mesa: 5,5
Presentación de los platos: 7,0
Vajilla y servicio: 6,0
Atención: 6,5

18 abril 2007

Crónica: Regionalización ¡Vencer o Morir!

Viña del Mar, abril, viendo como cae el otoño.

Desde los primeros días de febrero del 2007 que estamos escuchando sobre el famoso y maldito Transantiago; que los paraderos, que las frecuencias de los buses, que faltan 500, 1000, o 2000 de estos mismos, que los apretones, que los tiempos de recorridos, que el metro funcionaba bien hasta que llegó el Transantiago, que los GPS no funcionan, que les falta el software de coordinación, que la culpa es de los empresarios, que es del gobierno, que es del ministro, que es de la gente porque no se levanta más temprano…¡qué es de Zamorano! Por favor, no podemos seguir escuchando tanta tontera.

Por otra parte, al conversar con la gente al comentarle que vivo en Viña del Mar me dicen “qué rico, como me gusta Viña”, o simplemente me comentan que les gusta Santo Domingo, Concón, Valparaíso, etc. Me pregunto entonces ¿Porqué la gente que vive en Santiago termina soportando tantos elementos que a la luz de la razón no justifican vivir en dicha ciudad? Tienen smog, atochamiento vehicular, vías segregadas, autopistas donde deben pagar cada metro de circulación, un sistema de transporte que no funciona, más encima un clima de extremas (en verano sobre los 30 grados y en invierno temperaturas muy bajas cercanas a cero), pocas áreas verdes, en resumen, una pobre calidad de vida.

Además, si consideramos la inversión estatal en tratar de hacer que Santiago funcione, como por ejemplo extensiones del Metro, estudios y procesos de licitaciones, ahora (para variar) financiamiento de soluciones parches para el Transantiago (desde conos, monitores, letreros, cartillas, más autobuses, etc.), medidas para disminuir el smog (aquí el costo es más duro y medible, es cosa de sumar la producción de todas las fábricas que no pueden operar cuando hay preemergencias), el costo total de estas medidas es muy considerable en relación a la inversión fiscal que se hace en regiones.

¿Qué hubiera pasado si el gobierno hubiese invertido todo lo que ha destinado al Transantiago en el desarrollo de las regiones? Más drástico aún, si hubiese invertido dicho monto en el desarrollo de una sola región, por ejemplo, la V Región. ¿Dónde habría colocado los recursos? En potenciar el traslado de industrias de alto impacto en empleo con rebaja de impuestos a la inversión – Placilla está esperando – con subsidios para el desarrollo de proyectos inmobiliarios de mejor calidad a los actuales (Curauma, Placilla, Curacaví, Casablanca), de modo que las industrias puedan trasladarse con sus trabajadores, los cuales hoy viajan hasta 2 horas para llegar a sus puestos. La mejora de las conexiones viales a ciudades dormitorios como Quilpué, Villa Alemana, incluso Limache y Olmué, de modo que aquella gente que no desea vivir en Santiago tenga alternativa de viajar diariamente de su casa a su trabajo.

El día que un presidente tenga el coraje político de no seguir invirtiendo en una ciudad totalmente colapsada como Santiago, si no que haga un cambio radical hacia el desarrollo de las regiones, es posible que no tenga el apoyo de millones de capitalinos a su gestión, sin embargo, tendrá la adhesión de todos los otros millones de chilenos que hacen patria en el resto del país. Al menos yo, lo seguiré apoyando desde Viña del Mar, donde aún se respira el olor de la playa, los árboles, se vive y duerme tranquilo, a sólo 1 hora y 30 minutos del caos total.
 
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